miércoles, 10 de junio de 2015

¡Sigo pudiendo!

Imagen obtenida de Internet



Toda la tarde dejando pasar la ocasión,
pensaba si serías tú, o era yo y mis lamentos 
que lloraban en silencio. 
Quise cerrar mis ojos para morir…
no pude, estaban secos.

Marchó el ocaso y volvió a salir el sol,
no estabas tú… ni estaba yo pero,
me encontré a la soledad, la ansiedad, 
la dejadez, el aburrimiento…

Me envolví entonces con sus recuerdos, 
los abracé y hollé, hasta asfixiarlos… 
mas era inútil, huían de mí como escapa el aire 
de entre los dedos rugosos y secos del tiempo.

Doblegué mi corazón hasta dolerme,
el aliento, gritaba en silencio.
Mi alma, mustia y desgastada, 
aún me aullaba ¡sigo pudiendo!