domingo, 31 de mayo de 2015

Ven, mujer, amada y dichosa, entre sábanas y goces







Estoy contigo, amor, tu susurro es mi vida, no dudes,
desde que te conocí te convertiste en vida, aire y sol;
tus pensamientos son, a mis manos, arcilla y tonalidades,
donde brillas cada vez más con luz propia como un girasol.




Ven, recuesta tu cabeza sobre mis hombros, no me tardes;
soy abrazo amado de tus deseos otoñales, crisol;
de la estrella, que te desea, y hace vibrar en tus tardes,
hendiendo tu carne, acariciándote y amándote al sol.  



Ven, mujer, amada y dichosa, entre sábanas y sauces,
para mi fuiste oda, verso, rima,  dulzura deseada;
luz que brillaba en las mañanas y hoy, amor, te deshaces



conmigo, entre mis brazos, piel, mi cuerpo, ¡acelerada!
manantial de placer que se buscan en los ríos y cauces
y que encontramos los dos, amándonos… y a mi acurrucada.