martes, 28 de abril de 2015

Una noche de sexo, marcó la diferencia


 imagen obtenida de internet

Quise disfrutar de ella que era hermosa, 
dura y frágil al mismo tiempo, 
y caí cual náufrago que se ahoga
en alta mar,  y lucha pese a todo a brazo partido hasta llegar 
a una isla virgen y preciosa pero,
que se encontraba seca y desierta.

No me engañó ni la engañé, disfrutamos los dos de nuestros cuerpos 
como el sol disfruta del amanecer.
Ella, marcadamente hermosa, dulce y deliciosa, yo…
alejado de la realidad, orgulloso y vanidoso.

Quise engañarme y negué mi suerte al encontrarte,
luego… vino la sed, la ansiedad y el vértigo…
y me dejé llevar y sin ti el sexo fue mi enfermedad.
¿La cura? Solo tú me la podrías dar.

Te dejé ir, y te vi alejar, nada hice por detenerte.
La sangre se me revolvía en las venas viéndote marchar y aun así…
Encerré mis ansias en el estómago y maldije a mi orgullo 
y a mi perra suerte al consentirme tal maldad.

Si supieras mi alegría al reencontrarte…
 la vida misma que nos separó hoy nos trae la suerte,
dos sangres, la tuya y la mía, se unieron y crearon…
¡un volcán de sueños e ilusiones hecho carne!

Hoy no es nuestra voluntad la que nos rige,
son dos manos tiernas y blancas
las que nos cogen de la mano y nos gritan
que nuestra única gran verdad…
está en nuestros corazones y no en nuestra vanidad.