jueves, 5 de febrero de 2015

Los jadeos y gemidos son gritos de una herida de placer

Imagen obtenida de Internet


Dulcemente deposita sus labios en mi boca,
saboreo sus labios, su lengua y su desparpajo.
La mezcla de nuestros fluidos nos emociona
y caemos en una tempestad con un rugido.

Caen nuestras ropas a un mismo tiempo
arrancadas con las manos y con los dientes.
Somos como fieras salvajes arañándonos, mordiéndonos, 
copulando y divirtiéndonos…

Los jadeos y gemidos son gritos de una herida
de placer, sangre caliente y brava debatiéndose
y muriendo a la vez.

La piel se nos surca en cientos de autopistas 
llenas de curvas y la sangre espesa, 
caliente y caprichosa,
nos resbala por doquier.

Llegados al cenit, levantamos la mirada, 
besamos nuestros labios y con gran emoción y sentimiento
nos despedimos de nuestras almas.

Nos pedimos mutuamente el no buscarnos…
Hoy, apenas ayer…
¡maldigo la hora en que me dejé convencer!