viernes, 3 de octubre de 2014

Soy fuego y a la vez agua y no hay fuego que apagar ni río en el que aprender a nadar



No dejo de pensar
en lo que dice mi instinto,
y en esa oscura razón del intelecto
por querer saberme expresar.

Soy fuego y a la vez agua
y no hay fuego que apagar
ni río en el que aprender a nadar.

Es mejor quedarme sin lengua,
sin sangre en las venas
o sin destino canta mañanas
que me hiera con su traba-lengua.

Seré yo ¡siempre justo!
caminando en pos de la hiedra
o bajo el puente del acueducto,
intentando ser Dios creando cátedra.

Y me miraré al fin en las dudas del “otro”
y seré el imparcial destino de los justos,
acatando como mortal el dictamen oscuro,

del que fuese desde siglos un inmoral picapleitos.