miércoles, 8 de octubre de 2014

Me cubrí del frío de la noche con su piel


Imagen obtenida de Internet



Aunque nací en primavera,
no fue sino hasta el otoño
que lancé alegremente
mis primeros gemidos,

en una noche cualquiera
y en un lecho que
tampoco era el mío.

Gemí e hipé hasta hartarme,
logrando desinhibirme
cuando al vivir,

lo disfruté en mis carnes,
enganchado y atado
a mis propias fantasías.

Entre sueños locos
y fracasos, las noches,
las pasaba en vela,

siendo prisionero
de las sombras,
esclavo de mis pesadillas
y de las mujeres
siendo su estela.


Me cubrí del frío
de la noche con su piel,
de su cuerpo y aroma
sacié mi sed

y de sus risas y alegrías
me alimenté,
mientras ella,
se abrazada a mi carne,

se bañaba y retozaba
en mis lágrimas
y dormía felizmente
envuelta en mis entrañas.

No quiero despertarme
de este sueño,
quiero abrazarme
con pasión a su olvido,

atenazar y asfixiar
de tal manera que,
al dormir,
parezca que de nuevo
¡he nacido!