jueves, 11 de septiembre de 2014

Sombría isla, apaciguadora de voces huecas

Imagen obtenida de Internet

Quise deshacerme del peso, como piedra,
de aquella pesada losa que llevé durante mucho tiempo,
en forma de amargo recuerdo, cargado a mi espalda,
sin creerme, lo absurdo que era verme con ella a cuesta.

Penitencia impuesta de absurda contemplación,
por el internamiento a la que tenía sometida a mi alma.
Vacíos ilusorios de pensamientos veniales, 
opacos sentidos en una frente hirsuta, 
carente de lógica o de vanidades.

Pero, sí, lo logré, cayó ayer ésta al suelo,
desprendida de mi cuerpo a modo de desgarro sangriento
y me cobijé en el llanto, escondiendo mis lágrimas
tras mi seca, ajada, agrietada y enferma piel.

No obstante, he de reconocer que me perdí en una sombría isla, 
apaciguadora de voces huecas, 
que fue el pasto amarillento y triste 
que holló mi planta, y tal vez sea un día donde me entierren 
cuando mi alma, al fin, descanse.