lunes, 18 de agosto de 2014

La hoguera de un amor sin igual

Imagen obtenida de Internet

La vi al momento, y al instante,
mis ojos comenzaron a brillar.
No fue una luz plañidera,
sino la hoguera de un amor sin igual.

Me acerqué, mis piernas temblaban,
los labios entreabiertos, y la mirada afiebrada, 
y con el corazón latiendo acelerado sin parar.

Cerca, muy cerca de mí estaba.
Fui con mis pasos titubeantes y la cabeza agachada, 
cuando, al mirarla de nuevo, vi que me observaba.

Temblé al ver sus ojos ¡me hechizaron!
Ella comenzó a danzar y a bailar,
y tuve que atravesar el infierno,
hasta el soñado paraíso que fue,
desde entonces, nuestro amoroso caminar.