miércoles, 11 de junio de 2014

Prendido a su cuerpo y maniatado a su delirio

Imagen obtenida de Internet


La acaricié con premura mientras deslizaba mis dedos por su piel y disfrutaba de su tacto cálido, turbado y juvenil.
No podía evitarlo, me tenía enloquecido y enamorado,
prendido a su cuerpo y maniatado a su delirio y a su deseo.

Me deslicé por sus pechos y dejé a mis dedos quemarse 
en esa embriagante y peligrosa aventura, 
sacrificando el ardor de mi bajo vientre por darle a ella su justa y placentera dulzura.

Mis dedos danzaron al ritmo de la melodía del amor, 
hablando en un idioma que no todos conocen, 
el del sexo con amor y no desde 
el siempre despreciable de una simple aventura.

La amé y la hice gozar hasta que, al grito de ¡basta! 
Dejé a mi bastión hablar y compartí de su hallazgo, su goce
y me desembaracé por fin, del vestido de la abstinencia.