lunes, 5 de mayo de 2014

Un alma espantada y triste, que se arrastra y gime

 

Imagen obtenida de Internet


Tengo frío pero, no es un frío cualquiera,
éste me cala los huesos, me horada las entrañas 
y me quema tan adentro que hasta escucho, ronco, 
el grito zafio y extraño, del vacío, insondable e inmenso.

Aúlla y me grita, rencoroso y vil, desde mis adentros.

No hago oídos, ¡no quiero escucharlo!
Que grite si quiere hasta que reviente, 
no le haré caso, seré una roca, mármol, 
o quizás solo estiércol podrido y muerto.

No demuestro gran cosa, lo sé, 
hasta mis ojos se niegan a llorar, sin embargo, 
detrás de esos espejos que reflejan mi grotesca figura, 
hay un alma que siente, grita o llora.

Un alma espantada y solitaria 
que se arrastra o gime, en silencio, muda e hierática, 
sin hacerse notar, tal cual se siente 
la oda de un poeta sin inspiración o ya muerto,