sábado, 17 de mayo de 2014

Ella vive en su sueño, me inhala, me mima, me satisface con sus besos...

Imagen obtenida de Internet




Ella vive en su sueño, me inhala, me mima,
me satisface con sus besos. 
Ella, me ama, me subleva, 
me tienta, ella, ¡me vive! Ahora viene por mí
y se funde a mi cintura.

Agitado, la recibo, la abrazo 
y le ofrezco mis golosos labios, 
mi lengua caliente la penetra
y se mezcla y enlaza a sus jugos.

Ella se me ofrece, se abre y se vuelca en mi beso, 
compartiendo mis ganas, 
mis deseos más lujuriosos y enfermos, 
dejándome entrar en su boca sin esfuerzo,

como cuando se unta el pan con mantequilla
y dichosa de estar recibiéndome, 
gozándome al mismo tiempo.

Que goces más exquisitos 
se vierten en nuestros cuerpos y ella, 
como manjar dulzón,
abre su boca y me recibe en su aliento.

Nuestros cuerpos se frotan, 
ruedan sobre sí, se pegan, se empujan, aprietan con rabia,
hasta hacerse daño, aunque nada nos importa,
el placer es tan intenso que ni lo apercibimos, 
amándonos sin descanso y desenfreno.

Ahora me cabalga, luego soy yo 
quien la monta sin bajar, 
rodamos rabiosos fuera del lecho, 
caemos a tierra, la muerdo, me araña...

Me grita, la enrabio, 
le doy la vuelta mostrando su grupa 
y penetro su profundidad.

Llora, gime, se retuerce... 
chilla, sin dejarse de agitar. 
Loco de placer me descoloco, 
empujo, arraso, la muerdo, 
la aprieto y lastimo sintiendo 
agitada su respiración.

Ninguno quiere  medir las distancias
y caemos ambos dos en el infinito…
en el bendito éxtasis del goce final.