viernes, 18 de abril de 2014

Llanto de siglos, río de lava candente...


No me dejes en el desierto…
hambriento y sediento,
perdido en este mundo
donde lo que menos importa
son los sueños e ilusiones.


No me dejes… si acaso, despertar,
pues si lo haces y luego te vas…
me habrás provocado la muerte
o lo que es peor…
la desidia y el no volver querer  amar.


No huyas, deja que me una a tu dolor,
a ese llanto de siglos, río de lava candente,
culpable ingrato de nuestra desolación,
siempre indecente y en lucha contra el desamor.


No me dejes…
y si aún después de rogarte, me dejas…
no pases a la otra orilla, quédate… desesperación,
al fin y al cabo,  también lo sé…

¡Tú nunca me abandonarás!