domingo, 8 de septiembre de 2013

Algo que no reconozco como mío…


 


Me vida se agota silenciosamente
ya siento como se difumina en lejano fulgor
los latidos débiles de este corazón helado y frío,
que huye temeroso de mis miedos y vacíos.

Esta agitación que inflama y hiere mi pecho
es el bramido de un aliento desesperado y perdido,
que busca entre mis vísceras un solo motivo,
por el cual continuar luchando por seguir vivo.

Duele tanto...
que hasta las lágrimas que fluyen de mis ojos, silenciosas,
 gritan y se quejan de soledad;
no quieren entender
los suficientes motivos que ya tienen por los cuales luchar.

Desde las entrañas de mi pecho, brama lo desconocido
algo que no quiero reconocer como mío…
me está pidiendo auxilio;
es el orgullo… el mío, sí, humillado y vencido.