jueves, 25 de abril de 2013

Desilusionado y enamorado payaso

Imagen obtenida de Internet


Escuchando el crepitar que me resuena en el pecho, 
no es extraño que me ponga a temblar,
llore y termine maldiciéndome. 
Soy el último soplo del cierzo, 
el penúltimo sonido del viento, 
y esa es la razón de sentir
el horror de lo que estoy sintiendo.

Un día, dejándome guiar por la locura,
envolví en llanto de canela mi absurdo
y alzándome en defensor de lo divino,
me puse a caminar entre las piedras.

Hoy guardo, a mí pesar, castigándome,
todo lo que me produce llanto o duele,
para no olvidarme jamás, 
que en esta vida o en la otra, 
TODO, más tarde o más temprano... regresa.


A la arena de un circo fui a contarle, 
para que tú no me oyeras, 
cuántos recuerdos tuyos guardaba 
prendidos en el interior de esta caja torácica, 
pecho errático y mortal, 
de este desilusionado y enamorado payaso, 
que vino al mundo sólo para amar 
aunque fuese a una vulgar quimera.

Mi cabeza se pone a pensar: 
"el amor es la solución de quien ama 
y la soledad de quien nunca amó". 
Por esa razón y no otra, 
mejor me alejaré tan lejos en el tiempo 
para que nunca vuelvas a percibir 
ni un delicado brote de lo que estoy sintiendo.