domingo, 3 de marzo de 2013

Ella, LA MUERTE, al final… me ha vencido

Imagen obtenida de Internet


En un mundo de nieve donde el frío
cala los huesos de los mortales,
y donde el sol nunca los acaricia.
Siento cómo mis huesos se estremecen
y se vuelven gelatina.

Ya no aguantan a mis músculos,
se quiebran y se deshacen
crujiendo lastimosamente.

Parecen gritar a un dios inexistente
implorándole por sus lustros
que tenga piedad de ellos.

La soledad, mientras tanto,
se apodera de cualquier sentimiento,
los apresa, los encierra escrupulosamente
entre sus dedos y los funde para sí,
sin clemencia alguna, en su propio cuerpo.

Ya no hay tiempo, la huida no haría otra cosa
que empeorar mi sufrimiento. Estoy encadenado,
sujeto a un objeto afilado y sangriento.

Un profundo agujero en el cuerpo
se abre paso en canal y muere
desangrándose en el centro de mi pecho.

Antes éste corazón fue músculo,
ahora… una piedra que no para de rodar
y de vomitar ruido.

Horroroso es siempre su despertar
por todo lo que la he querido
y sin embargo, ella, LA MUERTE,
al final… me ha vencido.