viernes, 8 de marzo de 2013

¿Y si todo hubiera sido solo un mísero sueño?



Comienza la separación,
mi alma se resquebraja del cuerpo,
se disgrega y separa,
no quiere sufrir más.

La entiendo…
hasta el corazón me grita
que quiere dejar de latir,
mis pulmones dejar de respirar
y mi cerebro, de discernir o pensar.

Pero no es cierto
sigue ahí, torturando mi sentir.

Por favor... quiero desaparecer del tiempo,
diluirme o, hasta quizás,
desear no haber existido jamás…
¡me asfixia mi soledad!

¿Y si todo hubiera sido solo un mísero sueño?

¿Será posible que, al despertar,
 nunca pueda hallar ni una sola historia
sobre mí... nada, ni un vago recuerdo?
En realidad a lo que tengo miedo, mucho miedo… es a despertarme

y descubrir que, en verdad… ¡jamás existí!



domingo, 3 de marzo de 2013

Ella, LA MUERTE, al final… me ha vencido

Imagen obtenida de Internet


En un mundo de nieve donde el frío
cala los huesos de los mortales,
y donde el sol nunca los acaricia.
Siento cómo mis huesos se estremecen
y se vuelven gelatina.

Ya no aguantan a mis músculos,
se quiebran y se deshacen
crujiendo lastimosamente.

Parecen gritar a un dios inexistente
implorándole por sus lustros
que tenga piedad de ellos.

La soledad, mientras tanto,
se apodera de cualquier sentimiento,
los apresa, los encierra escrupulosamente
entre sus dedos y los funde para sí,
sin clemencia alguna, en su propio cuerpo.

Ya no hay tiempo, la huida no haría otra cosa
que empeorar mi sufrimiento. Estoy encadenado,
sujeto a un objeto afilado y sangriento.

Un profundo agujero en el cuerpo
se abre paso en canal y muere
desangrándose en el centro de mi pecho.

Antes éste corazón fue músculo,
ahora… una piedra que no para de rodar
y de vomitar ruido.

Horroroso es siempre su despertar
por todo lo que la he querido
y sin embargo, ella, LA MUERTE,
al final… me ha vencido.