miércoles, 23 de enero de 2013

Sobre sus sábanas de seda, en su cuna, lo acosté para que soñara…

Imagen obtenida de Internet

Cuando los vi no di crédito a mis ojos,
toda mí fuerza, sensación de poder u hombría, 
se derrumbaron como un muro de arcilla.

Primero la tristeza se adueñó de todo mi corazón 
y me quedé en silencio…
¿Qué hacía yo no estando ahí con ellos?
Luego, me di cuenta, y mis ojos de lágrimas 
se inundaron… y esas lágrimas,
¡todas eran mías!

Forcé a mis pies a caminar y fui hacia ellos,
y al llegar, abracé y sorbí cuantas lágrimas aún corrían por mis mejillas
y dejando a un lado la tristeza,
dejé hablar al alma y ella, habló… 
y les dijo desgarrada cuanto los amaba y quería.

A él, lo besé y mojé sin querer,
con las lágrimas saladas de mis ojos,
mientras lo alzaba en mis brazos 
y acunaba con amor pues, aún dormía…
.
Después, sobre sus sábanas de seda,
y en su cuna, lo acosté para que soñara …
A ella acerqué mi frente arrugada, después, con un dulcísimo beso,
le dije al oído... cuanto la amaba.