martes, 3 de julio de 2012

La arena y nuestras manos cómo única seda acariciando nuestra tu piel


En agua fría se incendiaron nuestros cuerpos,
tú y yo, solos en el agua helada, acariciados por las olas.
Sintiendo como nos inundaba el deseo 
y cómo nos dominaban las ansias por gozar de nuestros cuerpos.

La arena y nuestras manos cómo única seda 
acariciando nuestra tu piel,
el agua envolviendo y tapando nuestra lujuria,
y el sol como único testigo mudo y absorto,
fueron los silenciosos testigos de nuestros deseos insatisfechos.

Rugieron nuestras bocas y se agitaron nuestros pechos
y el latir de nuestros corazones bombeaban mar adentro,
creando un volcán que  rugía desbordando sentimientos
y que nos hicieron arder en la lava ardiente de nuestros besos.

Mis brazos te abarcaron por entero, y mis manos
guiadas por las olas, te apretaron y empujaron contra mi cuerpo,
tu boca y la mía se buscaron y se devoraron, se ansiaron y quebraron,
en suspiros, gemidos y gritos
que se rompían, al mismo tiempo que las olas

golpeaban contra  nuestros dos cuerpos.