miércoles, 28 de marzo de 2012

Guardé mi aplastante soledad y la sumergí en lo más hondo de mi ser

 
Después de  prometerme no volver a amar…
de deshacerme de  los lazos terrenales
y de querer ahogar mi angustia en sal,
dejé al fin a mi espíritu morir… en libertad.

Guardé mi aplastante soledad,
y la sumergí en lo más hondo de mi ser,
esperando tal vez a que no volviera a emerger jamás.

Cansado estaba de tantas falsas esperanzas,
con los armarios llenos de angustias, guardados bajo llave,
hoy les dejé al fin la puerta abierta...
y dejo a mi alma gritar con desgarradora  desesperanza...
¡huid de mi... hacia quién de verdad os ame!