lunes, 6 de febrero de 2012

Y dejaste ir al destino de la aurora...


Y dejaste ir al destino de la aurora...
próxima y lejana a la vez que extraña y misteriosa...
se zambulló en mi cuerpo,
envenenándome, sin una sola herida...
ni siquiera un rasguño me dejó.

Tan profunda entró que, mis entrañas,
quedaron vacías y secas... embebidas y secas en su sed.
Otoño de vanidades en suspiro fatal, sed de invierno,
sobre la fuente de su primavera,
sedienta de las gotas del rocío, al amanecer.

Fuiste tú; flor de mis entrañas... latido joven de mí corazón;
quien en beso de cálido verano...me distes tus besos y tu miel.
ya se secó mi arroyo... desértico quedó mi páramo,
hasta que, solitario y desierto, de piedras se llenó.

Miradas de besos llameantes, se perdieron...
fruto de nuestra amada pasión.
Ahora solo queda el crudo invierno,
y el cálido retrato de quien me amó.
Ya no me queda nada... ¡hasta el otoño... murió!