sábado, 12 de noviembre de 2011

Gritos enloquecidos... buscándose el placer

Imagen obtenida de Internet



La miro reflejada en el espejo,
se la ve tan bella.
Su piel mojada,
me estremece de deseo.

Miro sus senos de contornos perfectos,
donde nacen unas juguetonas fresas
que me hacen humedecer los labios
de excitación y calentura.

No puedo separar mis ojos de ella,
tampoco de sus piernas, de líneas suaves,
acabadas en unas redondas caderas
y en unas delicadas curvas que ¡marean!

Me caliento y excito mientras mi mirada
se desliza por su cuerpo.
Mis manos se mueren ya por acariciarla.
Ella me sonríe a través del espejo.
Me hace señas, sensual y bella, 
y yo voy sin dudar.

Se me abraza fuertemente 
y su cuerpo, desnudo, me hace sudar.
Se me enlaza al cuello y me ofrece sus labios
¡mi boca se apodera de su boca 
y muerde sus labios avariciosos!

Mis manos tiran de sus caderas
y la aprietan hasta sentir su húmedo sexo 
en mi miembro ya desde una eternidad erecto.

La abrazo y levanto y ella cierra sus piernas
 apresando mis caderas.
Su boca de dientes blancos y perfectos, 
me muerden y su lengua entra profunda 
y se enrosca en la mía sedienta.

Aparté unos segundos mi boca 
para degustar esas fresas
que nacen de sus pechos 
en forma de botones de carne rosada.

Mi lengua y mis dientes juguetean en ellos.
Sus muslos se abren y cierran sobre mi sexo,
jugando a seducirme ¡a excitarme aún más!

No la dejo proseguir, 
mis manos la sujetan y aplacan sus formas
y yo hundo con ansia mi carne en sus entrañas.

Mientras mis manos en sus glúteos
juegan a ir y a venir,
rompiendo el silencio con gemidos
de bocas con gritos enloquecidos 
que se rompen buscándose el placer.

ahora sí, nada existe ya a nuestro alrededor,
salvo nosotros dos, la pasión 
¡y nuestro propio volcán de orgasmos y dolor!